Marisol es una mujer sudamericana, creo recordar que peruana, pero en todo caso da igual, que trabaja en el aeropuerto de -Barajas, en la T-4. Su es de limpiadora y hace 3 años se encontró 20.000$ mientras limpiaba. Ella, honesta como es, entregó ese direro a sus jefes.

Pues bien, ahora sus jefes la han llamado y le han dado los 20.000$ porque nadie los ha reclamado.

Yo creo que esto debería venir el Vaticano a verlo, porque ha sido un milagro. O varios.

No se si el milagro es que ella hace tres años actuara con honestidad y entregara ese dinero a sus jefes o que sus jefes actuaran con la misma honestidad que ella y ahora la llamen y se lo devuelvan porque han pasado 3 años sin que nadie lo reclamara. Es más, habría que investigar si el verdadero milagro es que, estando como estamos, Marisol desde hace tres años al menos, tiene trabajo y lo conserva.

Bueno, felicidades Marisol. Te las mereces por honrada.

 

Esta mañana, con un frío perro para la época, paseaba haciendo tiempo desde la plaza de Benavente a la Plz, de Santa Cruz y la de las Provincias, dónde se encuentra el Ministerio de Asuntos Exteriores, en una de las esquinas de la Plz. Mayor de . Me dirigía por la calle de cuando de pronto me di de bruces con un edificio que, después de tantos años en Madrid (aproximadamente unos 44, vamos desde que nací), no había reparado en él nunca: La Parroquia de Santa Cruz. Está en la calle de Atocha, 6 y lo que llama la atención es la enorme torre de 80 metros de altura con una terraza superior y que parece ser que continúa la tradición de la antigua parroquia (sucesivos incendios hicieron que se trasladara de un sitio a otro, hasta terminar donde al principio) a la que se la conocía por “la atalaya de la corte“.

En fin, aquí os dejo una foto, por si la habéis visto y no sabíais lo que era.

Imagen de la Parroquia de Santa Cruz en Madrid

 

Me siento un rato en un banco de la Plz. de de y me quedo observando el panorama. Un compendio de gente que forma el decorado. Nada más tomar asiento veo pasar una rubia, tacones, pantalón ajustado, mareando la mierda. En el banco de al lado encuentro a uno de los denominados “sin techo“, aunque no es cierto, tienen un bonito techo de polución sobre sus cabezas. Intenta dormitar al calor del sol de la mañana, se mueve a un lado y otro buscando la posición más cómoda. Como yo los domingos a la hora de la siesta. La busco en el sillón, mi sillón, frente al televisor. Pero su película es mejor, más real, más de la vida.

En otro banco más allá una pareja de sudamericanos se hacen arrumacos y descansan tranquílamente. ¿Turistas? ¿Emigrantes en su día libre o sólo en su mañana libre? Un jubilado lee frente a ellos en otro banco más. Todo paz. Todo tranquilidad. Eso si nos olvidamos del . El tráfico rodea la plaza por todos lados. Es una isla en el mar de coches. En pleno centro de Madrid. Suave sol de primavera, ligera brisa, un libro del jodío Pérez-Reverte. Es que es un cachondo el tío. Cómo escribe.

Ahora me doy cuenta del cincuentón allá enfrente, vestido de negro, movil a la oreja y pechera de la camisa desabotonada, tomando el sol y cogiendo colorcillo. Le va a quedar pintado un triángulo casi perfecto en ese pecho varonil.

De pronto aparece a caballo, tacatá, tacatá, un nacional. Se dirige a un extranjero moreno cercano al pintor de pecho. Desde el caballo le pide la documentación. Parece en regla, porque le deja ir. Echa a otros que en otro banco tienen un carro de esos de hipermercado. Debe ser que está prohibido estacionar carros en la plaza.

Lo siguiente me deja patidifuso. Se dirige a un fulano que está leyendo un libro tan ricamente, le da las riendas del caballo para que se lo sujete, se adentra en los mares de cesped de la plaza y reclama a los tumbados nadando en ese mar que allí no se puede nadar, que sólo se permite sentarse en el flotador. Vuelve, recoge su caballo, supongo que agradece al ciudadano la ayuda prestada y se va con su compañero vaquero, que acaba de llegar de dar una paseito por la zona, a seguir pidiendo más documentaciones, a decirle al del banco de al lado que no se puede dormir, que no son horas, cojones.

Mientras me retiro veo a mi vecino bostezando el sueño que no le han dejado hacer.

 

Me gusta pasear por , sobre todo en días tranquilos como hoy, con mucha gente fuera por las vacaciones de Semana Santa. Me gusta observar detenídamente los edificios y pensar el tiempo que llevan construidos.

Hoy he estado en los alrededores del Museo del Prado y Los Jerónimos. En la calle Moreto, 1 encuentro una placa que recuerda a Mariano Carderera y Potó, pedagogo y maestro español y dedicada por el Colegio de Maestros Auxiliares de las Escuelas Publicas de Madrid, y me digo: fijate colega, si no llegas a pasar por aquí ni te enteras de que este fulano existio; vamos en cuanto llegue a casa lo busco en la wikipedia, que de fijo que sale. Y efectivamente, fue un pedagogo español y de los primeros profesores de primaria. Curioso. Antes de eso observo el edificio de la ampliación de Museo del Prado. Demasiado moderno para la zona según mi gusto. Vamos que le pega al de Los Jerónimos principalmente de cojones. Las casas de la calle Academia, Espalter o Alberto Bosch son dispares. Se mezclan edificios de otras épocas con ladrillos en antes de ayer. Incongruencias de la arquitectura castiza.

En la calle Felipe IV, en el lugar donde se bifurca dejando en medio el Cason del Buen Retiro, precediendo a éste encontramos la estatua de Mª Cristina de Borbón, madre de Isabelita II y regente desde la muerte de su esposo el Rey Fernando VII, rey hijoputa donde los haya, hasta su salida de dejando la regencia en manos del General ese del caballo con los cojones más grandes de aquí y parte del extranjero: Espartero. Alrededor de la estatua en una parte de la base que forma un octógono, podemos leer en cada cara lo siguiente bordeando la estatua por su derecha: Conservatorio de Música, Ministerio de Fomento, Estatuto de 1834, Ciencia Artes y Oficios, Convención de Vergara, Universidad del Reino, todo ello relacionado con la susodicha reina consorte y regente esporádica.

En la misma calle de Felipe IV, en el número 9, encontramos una placa que nos recuerda que allí vivió entre 1940 y 1981 el escritor, poeta y dramaturgo José María Pemán. Ves, otra cosa de la que me entero. Después de más de 40 años viviendo en esta villa y corte y ni puñetera idea de que ahí mismo hubiera vivido mi amigo Pemán. La verdad es que paseando y fijando la vista en algunas pequeñas cosas te encuentras con de lo más curiosas.

Bueno, ya me iré dando más vueltas y apuntando todas las curiosas curiosidades para contarlas después.

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