Sobre abortos, familia y otras zarandajas

Ayer se celebró una misa-manifestación con motivo del día de la Sagrada Familia presidida por el ínclito monseñor Rouco Varela. En la homilía dijo, por ejemplo, que “es posible concebir, ordenar y vivir el matrimonio y la familia de forma muy distinta a la que en tantos ambientes de nuestra sociedad está de moda“. Y tiene razón aquí el colega. Pero eso no quiere decir que esa “forma de concebir, ordenar y vivir el matrimonio” sea la mejor ni que las que “en tantos ambientes de nuestra sociedad está de moda” sea la peor. Tienen que entender que no están en poder de la verdad absoluta, que hay otras formas de entender la vida, que no están reñidas con la ley, ni la de Dios ni la de los hombres; que no está en peligro la familia como proclaman a voz en grito los fanáticos seguidores de este nuevo mesías. Gracias a Dios no todos los católicos piensan como estos extremistas. Hay otros católicos con la mente más abierta. El fanatismo en cualquiera de sus formas es lo peor. Y además hipócritas. Estos son los que llaman asesinas a las mujeres que abortan, pero cuando le pasa a una de sus hijas se siguen yendo a Londres para que no se entere nadie.

Dice monseñor que el aborto es “una de las peores lacras de nuestro tiempo”, pero la peor lacra son el dogmatismo que pretende la Iglesia Católica actual que se aplique en la sociedad. Están en contra del aborto, pero no conciben que se utilice el condón. Viven de espaldas a la sociedad. Viven en un mundo remoto.

Así tenemos que escuchar al Arzobispo de Valencia decir que “un alto cargo del partido en el Gobierno de España […] incita a los adolescentes al uso del preservativo”. ¿Pero cómo que incita? ¿Qué debería decirles? ¿Qué no lo usen? Es mejor dejar que una cría de 15 ó 16 años se quede embarazada. Y, claro, que después no aborte. No. Su solución es la abstención. Vale. No niego que quizá sea pronto para una chica de 15 o 16 años iniciarse sexualmente, pero lo que está claro es que es algo que está ahí, que no se van a abstener y, puesto que lo van a hacer, que sea de la forma más segura posible.

Se quejan de los matrimonios homosexuales. Dicen que su queja no es que se casen o convivan juntos, que su queja es que lo llamen matrimonio. ¿Y qué más da cómo lo llamen? ¿Se quejan de que algunos llamen parking a lo que es un aparcamiento o básquet a lo que es baloncesto? Lo que ocurre es que no quieren mostrar su homofobia, no quieren decir que aborrecen la homosexualidad, y sin embargo cada vez se conocen más actitudes homosexuales entre los curas. Y, lo que es peor, actitudes pederastas. Eso la iglesia lo intenta ocultar cuando lo que debería hacer es denunciarlo, demostrando claramente que lo general no es esa actitud. Ocultándolo parece que es algo que realizan de forma habitual intentando que no les cojan y, cuando lo hacen, lo niegan, como Pedrito el del lobo.

Para finalizar unas perlitas de una de las portavoces del colectivo “Unidos por la vida” diciendo que el aborto provoca cáncer y accidentes de tráfico, y además que “lleva a la violencia doméstica”. Lo del cáncer no sé, pero lo de los accidentes de tráfico y la violencia doméstica lo mismo la tengo que dar la razón: con un buen aborto a tiempo algunos cafres que provocan accidentes de tráfico y otros cenutrios que matan a sus mujeres no hubieran existido, con lo que habríamos salvado muchas vidas.

Os dejo el audio de la Cadena Ser con las declaraciones.