Mercedes, su cuñado y el móvil

El otro dí­a iba por la A-2 en Madrid y llegando al desví­o a la M-30 veo a una rubia, guapa y conduciendo un Mercedes C 300 y ¡ hablando por el móvil ! Que me dije: «Coño, estoy por pararla y darle alguna limosnita para que se compre el manos libres«. Porque es que no entiendo que se gasten más de 40.000 € en un coche  como ese y después no tengan las miserables 60 moneditas de un euro para comprarse un simple Parrot.

Pero lo que me alucinó es ver a su cuñado -o algo de la familia por su actitud- que conduciendo su bemeuve iba sosteniedo el móvil en una mano delante de la boca, con el «manos libres» del propio móvil activado -supongo- y, a voz en grito -claro-, de charla con quien él sabrá -podrí­a ser con la rubia de antes- como si eso le diera todas las garantí­as de cumplir con la legalidad. Como su cuñada -o lo que pudiera ser de familia- debe ser que tampoco dispone de las 60 moneditas y se apañan como pueden.

Claro que lo mismo no va ha ser que les falten los euros, lo mismo va ha ser que se creen por encima del bien y del mal y creen que pueden hacer lo que les venga en gana. Que si les paran y sancionan ya se encargarán sus abogados de hacer trabajar a la burocracia para que finalmente nos cueste al resto de ciudadanos  todos esos papeleos que tendrá que mover la administración para intentar cobrarles la multa y posteriormente la retirada de sus puntos.

Los menos pudientes, a la que nos cascaron la primera multa, la pagamos, ahorramos las 60 moneditas y nos agenciamos el Parrot de turno para evitarnos otra. Yo ni siquiera iba hablando, simplemente lo llevaba en la mano en un atasco y al pararse a mi lado me vieron mirandolo, pero no hubo forma de convencerles; es más, ni discutí­ con ellos y eso me valió una simple multa por distracción que incluí­a una reducción por pronto pago y no lleva acarreada la retirada de puntos. Eso sí­, con advertencia para la próxima vez.

Además deberí­amos ser conscientes del peligro de la distracción que provoca el móvil -incluso con manos libres-  al ir conduciendo. Es verdad que una persona a tu lado hablando o la radio también distraen, pero la atención a la conversación que requiere el móvil es superior. Más de una vez me he pasado un desví­o al ir hablando con alguien por el móvil. Me jode, pero sigo adelante. He visto a gente pegar frenazos, dar marcha atrás o meterse por prohibida porque se ha despistado y se ha pasado su salida. Ese es el peligro real, las acciones que realizamos una vez que el móvil nos hace perder la noción del tiempo y el espacio. La distracción también provoca que no miremos el retrovisor al cambiar de carrir, que pisemos el freno sin pensarlo, que cambiemos de dirección sin poner los intermitentes…

Vale, hay gente que hace lo mismo sin ir hablando por el móvil, pero contra esos poco podemos hacer

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