Adiós, Maestro Labordeta, adiós

José Antonio Labordeta

Se nos ha muerto como del rayo, como decí­a Miguel Hernández de su amigo Ramón Sijé, José Antonio Labordeta. La madrugada del domingo 19 de septiembre dejó de luchar buscando la libertad como hizo durante casi toda su vida. Nadie olvidará su paso por el Congreso de los Diputados durante dos legislaturas: desde el año 2000 hasta el año 2008. Lo más recordado de ese periodo será cuando envió ¡A la mierda! a los diputados de las bancadas populares mientras intentaba dirigirse al Ministro de Fomento de entonces, Álvarez Cascos, y sus compañeros del PP empezaron a reírse de este aragonés que no tení­a pelos en la lengua y, aunque persona muy educada, como maestro que era, no pudo contenerse.

Tampoco olvidaremos muchos -los más jóvenes no lo vieron- a José Antonio recorriendo lugares de España que no conocí­amos, cargarse a esa España en la mochila y hablar con sus gentes. Ayer lunes, uno de los entrevistados en la grabación de uno de los programas decí­a que lo que hací­a fácil hablar con él era que no te hací­a una entrevista, sino que se interesaba realmente por lo que le estabas contando. No era entrevistador o periodista, era simplemente José Antonio Labordeta.

La inmensa mayorí­a a la que se ha preguntado por él ha dicho entre otras cosas que era honesto y honrado. Eso en estos tiempos que corren y para alguien que fue polí­tico es decir mucho de tí­ y muestra la verdadera dimensión de Labordeta. Grande, muy grande.

Espero que allí­ a donde vayas, si existe algún sitio a donde vamos, encuentres la tierra que ponga libertad. Te recordaremos las gentes de a pie, porque seguro que en este paí­s que casi reniega de Cervantes, Góngora, Quevedo o Lope de Vega, y sin querer hacer comparaciones con estos grandes, es fácil que se olviden de tí­ en las alturas. Pero los de abajo, la infanterí­a, te tendremos presente. Está claro que sabemos quién vale de verdad y creo que, desde otro Profesor, Enrique Tierno Galván, no se habí­a visto al pueblo tan de acuerdo en homenajear a un polí­tico.

Esta es la albada del viento,

la albada del que se fue.

Que quiso volver un dí­a,

pero eso no pudo ser.

Adiós, José Antonio, adiós.

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